El té blanco: historia, variedades y cómo prepararlo
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El té es una de las bebidas más apreciadas del mundo y, entre todas sus variedades, el té blanco destaca por su sabor delicado y suave, y por su historia fascinante. En este artículo te contamos de dónde viene, qué variedades existen y cómo prepararlo.
Historia del té blanco
El té blanco tiene sus raíces en China, en la provincia de Fujian. Se obtiene de los brotes jóvenes y las hojas más tiernas de la planta del té, Camellia sinensis, y es el té menos procesado de todos: las hojas solo se marchitan y se secan. Su nombre viene de los finos vellos plateados que cubren los brotes, que les dan un aspecto blanquecino.
Durante siglos fue un té reservado a la corte imperial, un símbolo de lujo por lo delicado y laborioso de su elaboración.
Tipos de té blanco
- Silver Needle (Aguja de Plata): elaborado solo con brotes jóvenes recogidos en primavera. Da una infusión muy suave y dulce.
- White Peony (Pai Mu Tan): con brotes y hojas jóvenes. Tiene un sabor algo más completo que el Silver Needle.
- Shou Mei: con hojas más maduras, de sabor más intenso y menos delicado.
También tenemos tés blancos aromatizados, como el té blanco con rosas, el té blanco almendra canela o el Suspiro del Lama.
¿A qué sabe?
Es suave, floral, ligeramente dulce y con muy poco amargor. Es el té perfecto para quien empieza o para quien busca una taza delicada.
¿Tiene teína?
Sí, como todos los tés, aunque normalmente en menor cantidad que el té negro.
Cómo preparar el té blanco
- Calienta el agua a 70-80 ºC (no debe hervir).
- Pon una cucharadita colmada (2-3 g) por taza en la tetera o el infusor.
- Vierte el agua y deja reposar de 3 a 5 minutos.
- Cuela y sirve. Sus hojas admiten una segunda y hasta una tercera infusión.
El té blanco se puede tomar caliente o frío. En verano, prueba a prepararlo en frío con unas rodajas de melocotón.
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