Té blanco

El té blanco: historia, variedades y cómo prepararlo

El té es una de las bebidas más apreciadas del mundo y, entre todas sus variedades, el té blanco destaca por su sabor delicado y suave, y por su historia fascinante. En este artículo te contamos de dónde viene, qué variedades existen y cómo prepararlo.

Historia del té blanco

El té blanco tiene sus raíces en China, en la provincia de Fujian. Se obtiene de los brotes jóvenes y las hojas más tiernas de la planta del té, Camellia sinensis, y es el té menos procesado de todos: las hojas solo se marchitan y se secan. Su nombre viene de los finos vellos plateados que cubren los brotes, que les dan un aspecto blanquecino.

Durante siglos fue un té reservado a la corte imperial, un símbolo de lujo por lo delicado y laborioso de su elaboración.

Tipos de té blanco

  1. Silver Needle (Aguja de Plata): elaborado solo con brotes jóvenes recogidos en primavera. Da una infusión muy suave y dulce.
  2. White Peony (Pai Mu Tan): con brotes y hojas jóvenes. Tiene un sabor algo más completo que el Silver Needle.
  3. Shou Mei: con hojas más maduras, de sabor más intenso y menos delicado.

También tenemos tés blancos aromatizados, como el té blanco con rosas, el té blanco almendra canela o el Suspiro del Lama.

¿A qué sabe?

Es suave, floral, ligeramente dulce y con muy poco amargor. Es el té perfecto para quien empieza o para quien busca una taza delicada.

¿Tiene teína?

Sí, como todos los tés, aunque normalmente en menor cantidad que el té negro.

Cómo preparar el té blanco

  1. Calienta el agua a 70-80 ºC (no debe hervir).
  2. Pon una cucharadita colmada (2-3 g) por taza en la tetera o el infusor.
  3. Vierte el agua y deja reposar de 3 a 5 minutos.
  4. Cuela y sirve. Sus hojas admiten una segunda y hasta una tercera infusión.

El té blanco se puede tomar caliente o frío. En verano, prueba a prepararlo en frío con unas rodajas de melocotón.

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