Infusión de jengibre: historia, sabor y cómo prepararla
Compartir
Entre todas las especias que se pueden tomar en infusión, el jengibre destaca por su sabor intenso, picante y fresco. En este artículo te contamos su historia, cómo usarlo y cómo preparar una buena infusión de jengibre.
La historia del jengibre
El jengibre (Zingiber officinale) es originario del sudeste asiático y se cultiva desde hace miles de años. Ha sido una parte importante de la cocina china e india desde la antigüedad, y fueron los comerciantes árabes quienes lo llevaron a Europa en la Edad Media, donde se convirtió en una especia muy valorada.
Hoy es un ingrediente habitual en todo el mundo: en la cocina asiática, en la repostería (las famosas galletas de jengibre), en bebidas como el ginger ale y, por supuesto, en infusiones.
¿A qué sabe?
Tiene un sabor picante, cálido y cítrico. Cuanto más tiempo lo hiervas, más intenso y picante será. Combina de maravilla con limón, miel, canela, cúrcuma y té verde o rooibos.
Cómo preparar una infusión de jengibre
Ingredientes:
- 1 trozo de jengibre fresco (unos 3 cm)
- 2 tazas de agua
- Miel o limón al gusto (opcional)
Instrucciones:
- Pela y corta el jengibre en rodajas finas.
- Hierve el agua en un cazo.
- Añade el jengibre y baja el fuego.
- Deja que hierva suavemente 10-15 minutos.
- Retira del fuego y cuela.
- Si quieres, añade miel y un chorrito de limón.
También está muy rica fría: déjala enfriar, añade hielo, limón y unas hojas de menta.
Precauciones
Si estás embarazada o en periodo de lactancia, tomas medicación (por ejemplo, anticoagulantes) o tienes problemas de vesícula, consulta con un profesional de la salud antes de tomarlo de forma habitual en cantidades altas.